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20 Agosto, 2017

Condenan a partera que vendió a una beba entrerriana


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Entre 1969 y 1978, Nilda Civale de Álvarez adelantó los partos para comercializar a 3 bebés; una de ellas Patricia Uriondo, cuya mamá biológica era de Entre Ríos. La partera recibió una pena de 7 años de cárcel.

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Foto: La partera condenada tiene ahora 80 años

Andrea Belmonte cree que tiene 45 años. Eso dice su partida de nacimiento, pero ella no está segura de la fecha exacta en la que nació. La sospecha de que su madre no era su madre empezó por puro instinto: tenía madre, tenía un hermano y tenía hijas, pero le decía a su psicóloga que se sentía “abandonada”. La duda la llevó a Abuelas de Plaza de Mayo, pero allí le dijeron que no: era mayor que los nietos robados que estaban buscando. Así que Andrea terminó enviando su acta de nacimiento al Equipo de Antropología Forense y ellos encontraron una terrible coincidencia. Tenían las actas de varias personas que también dudaban de su identidad y a todos los unía el mismo nombre: Nilda Civale de Álvarez, la partera. Así, descubrió que esa partera recibía adolescentes embarazadas, las hacía parir antes de término en su consultorio clandestino y luego vendía los bebés.

Nilda Civale de Álvarez, hoy una anciana de 83 años, tenía un consultorio en Ramos Mejía y era, a la vez, jefa de obstetricia del Hospital de González Catán. El viernes, el Tribunal Oral Federal 5 de San Martín la condenó a 7 años de prisión por “sustraer, ocultar y suprimir la identidad” de tres bebés entre 1969 y 1978. Una de esas bebés era Andrea. Las otras dos eran Clara Lis Pereyra y Patricia Uriondo. La condena había sido dictada en 2012 y Civale había recibido una pena de 11 años. Pero el viernes se redujo a 7 años porque la Cámara de Casación entendió que el delito de falsificación de instrumento público había prescripto. Por su edad, cumplirá prisión domiciliaria.

“Cuando mi mamá (adoptiva) murió, escuché por la radio una propaganda de Abuelas. Fui y me dijeron que por la edad no podía ser. Fui a preguntarle a mi tía y ella me terminó confirmando que era adoptada. Me contó que cuando mi mamá se enteró de que no podía tener bebés, un médico del Hospital Británico le dio la dirección de esta partera. Así fue que primero compraron a mi hermano”, cuenta Andrea a Clarín. “Después me compraron a mí. Mi mamá siempre me dijo que yo había nacido sietemesina y parece que así era como se manejaba esta mujer. Llevaban a chicas jóvenes a parir al consultorio y ella les adelantaba el parto para evitar que parieran en hospitales y así podía luego vender a los bebés”. Allí mismo iban los compradores a buscar al recién nacido.

El dato se corría de boca en boca: “Recibía madres pobres, de alguna provincia, que no podían criar al bebé. Eso se ve en el caso de mi hermano, que era morocho y estaba muy descuidado y en el caso de Patricia Uriondo, que encontró papeles en los que vio que su mamá biológica era de Entre Ríos. En mi caso, en cambio, supe que mi mamá biológica era una chica muy joven de una ‘familia bien’ y que para su familia, tener una hija adolescente embarazada era una vergüenza. En el caso de Clara (Lis Pereyra), su mamá tenía una enfermedad terminal y quiso tener un hijo antes de morirse. Entonces el marido le consiguió una nena. Al año y medio se murió y la terminó criando su abuela adoptiva”.

En el juicio también estuvo Rita Maldonado, una señora que, a los 14 años, fue llevada por su familia a ese consultorio: salió sin panza y sin bebé, y nunca se volvió a hablar del tema. “En el juicio, la partera dijo que nos había hecho un favor, que le teníamos que agradecer, que si no, podríamos haber terminado comiendo comida de perros, en la calle”, cuenta Andrea. Patricia Uriondo, dijo que la partera se “creyó que era Dios”, que a los 7 meses de gestación la hizo nacer “sólo porque era parte de su negocio” y que se “se atrevió a decir que deberíamos agradecerle porque ella nos salvó de un hogar pobre”. Este año comenzará un nuevo juicio oral por otros 6 bebés que habrían sido vendidos por la partera.

Ahora resta saber quiénes eran sus padres biológicos y si todavía viven. En 2010, la Corte Suprema ordenó al tribunal que entendió en primera instancia que busque a sus familias biológicas, pero no se hizo nada. Así, sin ayuda, Andrea terminó buscando un solitario remedio casero que no dio resultados: “Hice constelaciones familiares y se me vino un nombre a la cabeza. Y empecé a buscar en la guía y a llamar a las mujeres que tenían ese nombre para ver si, por casualidad, alguna era mi verdadera madre”.

Fuente: Clarín

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